martes, 17 de septiembre de 2019

Nesquik de fresa

Después de estar en el cine nos fuimos a mi casa.

Le preparé  Nesquik sabor a fresa porque era lo único que quedaba en la despensa, odiaba el Nesquik de fresa por eso siempre estaba ese frasco ahí. 

A nada... - Le dije

Le serví en la taza más presentable, como quien sirve el más cariñoso objeto preciado a su digno invitado.

él estaba sentado mirando cómo lo atendía.

Le puse individual color crema y acomodé el azucarero de la forma más armoniosa posible.

¡Por qué hace esto?- dijo.
¿Hacer qué?- refuté
¿Tratarme con amor?... como si fuéramos enamorados...tú y yo ya no somos nada.- Lo dijo tan bonito, educado, pausado y cordial que parecían palabras de consuelo.

Hubo un silencio incómodo, inagotable y sofocante.

Estábamos ahí, habíamos terminado hace tres meses aproximadamente, pero nos seguíamos frecuentando, algunas veces al cine, otras a mi departamento y otras simplemente se sentaba en la acera del parque frente a mi departamento y me esperaba para conversar, yo salía en pantuflas y nos quedábamos charlando de cómo le fue en su día y viceversa.

Yo seguía enamorada de él, él lo sabía perfectamente. Mi subconsciente  no comprendía por qué habíamos terminado, en el fondo creo que mi ingenuidad pensaba que era algo pasajero y que de un día para otro regresaríamos y todo sería como antes.

Craso error.

Él probó un bocado del Nesquik y lo regresó a la taza.

Qué horrible está esto!- me dijo

Lo sé- respondí. 

No dijo más, se levantó y empezó a botar el contenido al fregadero mientras yo observaba el líquido caer en cámara lenta a la par de mis pretenciosas suposiciones y  patéticas esperanzas










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